Muy apreciados Sacerdotes
DE LA DIÓCESIS DE SANTA ROSA DE OSOS
Con mi cordial saludo mis sinceros votos por su completo bienestar. Leer noticia completa
La sede episcopal queda vacante por fallecimiento del Obispo diocesano, por la renuncia aceptada por el Romano Pontífice, por el traslado o por la privación intimada al Obispo (Cfr. CIC 416) Leer noticia completa
Un arzobispo elocuente.
Escrito por Luis octavio yepes r.
Eike winkler y josef schweikhardt en “el conocimiento del hombre” (expedición por la antropología, de editorial planeta s.a. 1985, barcelona, españa. Pp. 15 y ss) presentan a sus lectores los rasgos típicos que diferencian al homo de los demás seres vivos.
Entre más de quince descripciones aparece una que será el tema de este artículo, y que, con todo respeto, quiero aplicar al excelentísimo señor doctor don jairo jaramillo monsalve, arzobispo metropolitano de barranquilla, como una de sus múltiples facetas.
Homo loquens, homo gramaticus
El hombre como creador y criatura del lenguaje posee un sistema comunicativo sui generis que le permite “crear su propio mundo idiomático y sus espacios conceptuales”.
Homo loquens, elocuencia, locución, locutor, alocución, locuacidad, elocuente, locuaz, eu-lalio, dislalia, ecolalia, coprolalia.
Monseñor jairo jaramillo monsalve es un hombre elocuente.
Ser elocuente consiste en dominar la palabra (el verbo) al menos bajo dos aspectos.
Ser elocuente es poseer un léxico variado y suficiente para incursionar en todos los campos del saber humano: teológico, filosófico, antropológico, ético, científico, político, sea a través de la homilía, del panegírico, de la égloga, de la épica, de la biografía, de la catequesis, de la dirección espiritual, de la charla, del diálogo, de la conversación, del gracejo, del mito o de la fábula.
Ser elocuente es jugar con la palabra para convertirla en trueno que retumba, en brisa que acaricia, en melodía que serena, en discurso literario que exalta, en frase pulcra y castiza que arrulla, en tonos acompasados que ensueñan, en plegaria fervorosa que extasía, en aliento que revitaliza.
Quien escucha al homo loquens cabalga en el sonido apacible para remontarse al concepto técnico y científico. Quien lo oye puede recrear los más prístinos preceptos tanto de la elocuencia como de la estructura de la frase. Leer sus homilías es practicar no sólo el análisis gramatical sino el lógico porque encuentras tesis, antítesis y síntesis, en círculos helicoidales que te llevan a captar inmediatamente ideas y conceptos.
En el homo loquens su discurso, siendo muy lógico, es sonoro. Su argumentación y silogismo en ningún momento riñen con la claridad y la sencillez. El eco de sus palabras, al remontarse hacia el arco toral de su catedral (su catedral es su cátedra y su docencia de acuerdo con la triple función episcopal) regresa a tus oídos como rocío refrescante que hace pequeñas cabriolas en tus tímpanos y en la sutil cadena de los tres conocidos huesecillos.
Al elocuente nada le sobra y nada le falta.
Es preciso, no ampuloso; es austero sin ser ínope; es brillante sin ser iterativo; expresa la idea sin ecolalias; es tan ecuánime y equilibrado que lo divino y lo humano se unen en el discurso; se adapta al niño y al adulto; enseña al indocto y al titulado; es ameno sin ser chocante; es elegante sin ser rebuscado; es poético sin ser gongorista; es pausado sin ser lerdo; es raudo sin ser atropellador.
¿dotes naturales? ¿cursos de elocuencia? ¿ejercicios imitados del mismo demóstenes? ¿persona apacentada sistemáticamente en las fuentes sagradas de boussuet o fenelón? ¿preparación remota y exquisita en la vieja biblioteca del claustro? ¿preparación próxima a la luz del carpe diem para saciar al hombre famélico del momento actual? ¿todas las anteriores? ¿ninguna de las anteriores?
Responder a las preguntas anteriores, para elaborar un diagnóstico, aunque importante para los futuros predicadores, no es lo más urgente.
Lo urgente, frente a este modelo (y a tantos otros) es lograr un discernimiento de tal naturaleza que ustedes (filósofos, teólogos, presbíteros, obispos de la mies actual), como profesionales de la palabra, vale decir, del verbo: “porque el verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”, condimentando la homilía con piedad, espiritualidad, vivencia, humildad, humanización, elocuencia, logren diseminar la semilla entre todos los que estamos terriblemente hambrientos de historia de salvación.
Santa rosa de osos, 25 de noviembre del 2010.
Luis octavio yepes r.
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