Sábado, Mayo 19, 2012

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La familia, eje de la comunidad eclesial
En el marco de la misión continental, que hemos aterrizado en nuestra Diócesis con el novenario de años que nos hemos propuesto celebrar hasta que lleguemos al jubileo de los cien años  de esta Iglesia particular (2017), nos corresponde en este año 2010 dirigir toda la acción pastoral hacia la FAMILIA,
Editorial Nos sorprende esta hora de la historia con la conmemoración de los 200 años del grito de independencia de Colombia. La fiesta no se queda sólo en el 20 de julio. Seguramente en muchas partes del país se sigue conmemorando este acontecimiento que, sin duda, marca un momento determinante en el devenir histórico de nuestra Patria.
Con motivo del Bicentenario de la independencia de Colombia. Mientras el catorce de julio de mil setecientos ochenta y nueve la turba enfurecida de París se tomaba la prisión de LA BASTILLA para dar inicio a la REVOLUCIÓN FRANCESA y el veintiséis de agosto se proclamaban los DERECHO HUMANOS (cuota inicial para la INDEPENDENCIA DE LAS COLONIAS AMERICANAS)

Con motivo del Bicentenario de la independencia de Colombia.

Mientras el catorce de julio de mil setecientos ochenta y nueve la turba enfurecida de París se tomaba la prisión de LA BASTILLA para dar inicio a la REVOLUCIÓN FRANCESA y el veintiséis de agosto se proclamaban los DERECHO HUMANOS (cuota inicial para la INDEPENDENCIA DE LAS COLONIAS AMERICANAS)

en las bucólicas breñas santarrosanas los MINEROS, al ritmo de los helados vientos de la Meseta, mecían sus bateas de barequeros para robar el oro  de los aventaderos, de los filones y de los barrancos.

 

Los ecos de REVOLUCIÓN ya resonaban quedamente en las Américas, desde mil setecientos cincuenta y los COMUNEROS de Antioquia comenzaban a hablar “duro” desde mil setecientos ochenta y uno.
Fernando VII, desde 1803, reinaba en la Metrópoli (España) y en sus Colonias.
El Obispo de Popayán, Ángel Velarde y Bustamante (1788 a 1809) posiblemente había olvidado que el diecisiete de noviembre de mil seiscientos cincuenta y nueve su antecesor VASCO JACINTO DE CONTRERAS Y VALVERDE,  angustiado como Pastor al saber que centenares de ovejas estaban dispersas entre las minas descubiertas desde mil seiscientos treinta y seis, había decido convertir las dos parroquias de entonces (Aburráes y Guarne) en cuatro: las dos mencionadas, la de Santo Domingo y la PARROQUIA DE LOS RÍOS DE LOS OSOS. El primer párroco nombrado había sido BALTAZAR DELGADO URNIETA.

Finalizando el siglo XVIII (1792) el Gobernador de la Provincia de Antioquia don Francisco Baraya y la Campa había decidido que el PARTIDO DE SAN JACINTO DE LOS OSOS sería elevado a la dignidad de VILLA DE NUESTRA SEÑORA DE CHIQUINQUIRÁ DE LOS OSOS.
En plena LUCHA DE INDEPENDENCIA, 1811, cambiaría de nuevo su nombre. Desde entonces se conocería  como SANTA ROSA DE OSOS.  Tres años después, DON JUAN DEL CORRAL elevaría  la VILLA a categoría de   MUNICIPIO.
Los PÁRROCOS de la Independencia habían sido Nicolás Francisco de Agudelo (1789-1810), José Ignacio Restrepo, Juan Francisco Vélez (1811), José Sinforoso de Upegui (1811-1818: de grata recordación por ser el adalid de la construcción y culto del  Señor de la Humildad), José Antonio Palacio y Gregorio Builes.

Cuando se escribiera la HISTORIA DE COLOMBIA el período comprendido entre el 20 de julio de 1810 al 7 de agosto de 1819 sería conocido como ÉPOCA DE LA INDEPENDENCIA.

Los acontecimientos de la lejanísima SANTA FE DE BOGOTÁ,  el florero de Llorente, el Cabildo Abierto, las voces del Tribuno del Pueblo, la conformación de una Junta de Gobierno en ningún momento turbaron la tranquilidad de la parroquia de SANTA ROSA DE OSOS. Los acontecimientos de la Provincia,  la constitución del ESTADO INDEPENDIENTE DE ANTIOQUIA el 11 de agosto de 1813, la Dictadura de Don Juan del Corral desde el 30 de julio de 1813 indudablemente influyeron en la vida de los mineros pero ningún historiador aporta datos específicos.   Pero, afirman algunos de los historiadores, cuando FRANCISCO WARLETA reconquistó la ciudad de Medellín dando fin a la Junta de Gobierno fueron fusilados algunos revoltosos santarrosanos. La historia recuerda a  Joaquín Muñoz teniente de milicia y juez de seguridad, Modesto Tamayo, Nicolás Gómez y Joaquín Moya.


La HISTORIA local no guarda memoria de estos hechos.

La minería proseguía con su ritmo. VICENTE RESTREPO (Estudio sobre las minas de oro y plata de Colombia, p. 150) afirmó que entre 1807 a 1809 en la CASA DE FUNDICIÓN de Medellín fueron recibidas más de cuatro mil libras de oro, procedentes de los Distritos de Medellín, Marinilla, Rionegro y Valle de los Osos. Las minas más conocidas en Santa Rosa, en este tiempo, eran las de Las Cruces, las Ánimas y Dolores. La producción total de oro en 1808, en Antioquia, pasaba de un millón y un cuarto y la población era de 107.000 habitantes.  Años atrás el Gobernador de la Provincia había ordenado fundar otras poblaciones en las montañas de los Osos para apoyar la minería.  Para el tiempo de la Independencia Yarumal había reemplazado a San Luis de Góngora, Donmatías a San Antonio del Infante, Gómez Plata a Hojasanchas y  Belmira a Petacas.   Sin embargo, cuando se inició la RECONQUISTA, afirman los autores, la minería de estancó porque muchos mineros habían sido obligados a empuñar las armas y para otros menesteres. En efecto, en la RECONQUISTA,  PASCUAL ENRILE, Jefe del Estado Mayor de las tropas españolas el 29 de julio de 1816 ordenó a los HABITANTES DE SANTA ROSA DE OSOS y de otros sitios del norte, la reconstrucción DEL CAMINO QUE IBA DE SANTA ROSA  A CÁCERES.  A cada mina se le asignó una cuota de peones: de Santa Rosa fueron requeridos CIEN.

Para este tiempo apenas sí mencionaban las viejas capillas diseminadas en la MESETA DE LOS OSOS, sitios de reposo espiritual para los fatigados mineros.  Capilla de Nuestra Señora de Guadalupe, del Arcángel san Miguel, de san Jacinto de los Osos, de la Tierradentro (identificada por alguna historia como SAN JERÓNIMO DEL MONTE), de San Diego y de los minerales de Ignacio Vélez, de Ríogrande y de San Juan.
El 31 de agosto de 1804, en la víspera de la revolución, el Papa Pío VII había creado la Diócesis de Santa Fe de Antioquia. El 10 de julio de 1810 fue designado JOSÉ DE ARANCIBIA. Pero su salud le impidió asumir el cargo. Fue ofrecida la Diócesis al franciscano FRANCISCO CANO quien tampoco llegó. Cuando FRAY MARIANO GARNICA Y DORJUELA inauguró la Diócesis el 20 de julio de 1828, el Grito de Independencia cumplía dieciocho años y la Batalla de Boyacá nueve.

Reafirmada la INDEPENDENCIA la minería regresó por sus fueros.  Para el año 1825 el censo de Santa Rosa indicaba tres mil habitantes.
Dato interesante para este recuento es la llegada en 1810 a Santa Rosa de la familia de Pedro Justo Berrío. Don Lorenzo se había establecido junto con su padre don Venancio, su madre doña Juanita María Hernández y sus hermanas Toribia,  Gregoria, María y María Francisca. Don Lorenzo se casó con doña Juliana Rojas Molina. Era maestro. Y desde 1800 abrió escuela privada al lado de la plaza. Pedro Justo Berrío nacería de este matrimonio el 28 de mayo de 1827.

Posiblemente alrededor de 1800 fue inaugurado el CEMENTERIO DE EL CARMEN junto con la Capilla.  A mediados del siglo XX fue demolida y en el sitio la administración organizó una PLAZA DE FERIAS Y EXPOSICIONES.  En el momento actual parte de los terrenos del  cementerio ha sido ocupada por el SENA y por un pequeño barrio residencial.

Finalizando el siglo XVIII las familias de los mineros eran: Gutiérrez,  Villa,  Misas, Muñoz, Palacio, Restrepo, Londoño, Barrientos, Jaramillo, Díaz, Chaverri, Casafuz, Vélez, de la Calle, del Rojo, de la Granda, Piedrahita, Torres, Santamaría, Zulaybar, Callejas, Yepes y Muñoz.

De acuerdo con una pintura, posiblemente de 1850,  existió desde el siglo XVIII una  IGLESIA PARROQUIAL colocada en el mismo sitio de la CATEDRAL.  El acuarelista se situó  en EL ALTO DE LA MINA o en CERRO GUS para captar la siguiente estructura. Encima de un barranco, que corresponde indudablemente a la TERMINAL DE TRANSPORTE ACTUAL, aparecen las casas de techo rojizo ubicadas en lo que hoy se conoce como LA CALLE DEL TALEGO y la PLAZA PRINCIPAL.  A dos o tres calles del barranco aparece un templo de color blanco.  En otra lámina (plumilla) y titulada “CAPILLA DEL ESTADO DEL NORTE”  aparece el templo.  La cúpula del medio es alta,  hexagonal y redondeada, con dos niveles y en cada uno una ventana. Dos torres laterales, cuadradas, terminadas en triángulo con dos ventanas cada una en la  cuadratura y una en la parte triangular. La puerta del medio es más alta que las laterales y termina en arco romano. Las laterales, encima del arco romano, muestran sendos triángulos.  La puerta del centro está entre dos columnas cuyos capiteles se unen con una estructura triangular.

Luis Octavio Yepes R.
BIBLIOGRAFÍA. EL ORO DE LOS OSOS. Luis Octavio Yepes R. Noviembre del 2007.

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