Identidad y misión de la familia en el Plan de reconciliación
Escrito por Carlos Ignacio Cárdenas Montoya
Haciendo eco al Documento de Aparecida, en nuestra Diócesis de Santa Rosa de Osos, nos hemos unido a la misión continental tratando de expresar la unidad con toda la iglesia de América y del Caribe. Por eso estamos comprometidos en dar la respuesta al llamado de ser discÃpulos misioneros del Señor.
El año pasado le dedicamos buen tiempo a la reflexión y al trabajo con los animadores de la evangelización. Este año estamos dedicados a la misión con la familia, desde nuestro Plan de Pastoral queremos fortalecer nuestra pastoral familiar.
El documento de Santo Domingo nos habla muy bien de la preocupación de la iglesia por el matrimonio y la familia. Frente a tantas propuestas del mundo donde el sacramento del matrimonio es visto como algo ya superado, se hace urgente mostrar el verdadero valor de este. «El matrimonio y la familia en el proyecto original de Dios son instituciones de origen divino y no productos de la voluntad humana. Cuando el Señor dice "al comienzo no fue asÃ" (Mt 19,8), se refiere a la verdad sobre el matrimonio, que, según el plan de Dios, excluye el divorcio» (SD 211).
Parafraseando a la Gaudium et spes podemos decir que si sólo en el misterio del Verbo Encarnado se esclarece el misterio del ser humano, sólo en Él se esclarece el misterio de la familia según el designio divino y se descubre la grandeza de su vocación (22).
El amor de los esposos por Cristo llega a ser como el de Él: total, exclusivo, fiel y fecundo. A partir de Cristo y por su voluntad, proclamada por el Apóstol, el matrimonio no sólo vuelve a la perfección primera sino que se enriquece con nuevos contenidos. El matrimonio cristiano es un sacramento en el que el amor humano es santificante y comunica la vida divina por la obra de Cristo; un sacramento en el que los esposos significan y realizan el amor de Cristo y de su Iglesia, amor que pasa por el camino de la cruz, de las limitaciones, del perdón y de los defectos para llegar al gozo de la resurrección. Es necesario tener presente que "entre bautizados, no puede haber contrato matrimonial válido, que no sea por eso mismo sacramento" (C.I.C., c. 1055, 2)» (SD 213).
El documento hace en este pasaje una interesante analogÃa entre la familia y la Iglesia. Al hablar del sacramento del matrimonio se indica que éste es «santificante» y que «comunica la vida divina por la obra de Cristo». Y añade: «un sacramento en el que los esposos significan y realizan el amor de Cristo y de su Iglesia» . Hay un claro paralelo con el sentido de lo que es un sacramento. Asà como la Iglesia es presentada como un sacramento del Señor Jesús --es decir signo e instrumento de salvación, comunión y reconciliación--, la familia, como Iglesia doméstica, está llamada a «significar» --ser signo-- y a «realizar» --ser instrumento-- el amor reconciliador del Verbo Encarnado. Hermosa analogÃa que nos introduce en el misterio del designio divino y nos permite comprender mejor la grandeza del sacramento del matrimonio que debe llevar a quienes son bendecidos con esa vocación a ser para sà mismos y su familia, y para el mundo entero, como --si cabe la expresión-- un sacramento doméstico del amor reconciliador del Señor Jesús.
Frente a la crisis de la familia y del sacramento del matrimonio hemos de comprometernos como verdaderos discÃpulos misioneros del Señor y no renunciar a los principios evangélicos, por el contrario demostrar que la familia sigue siendo la célula vital de la sociedad.
